



Al entrar en Grey Haven, uno se siente inmediatamente envuelto por una sensación de grandeza e intimidad. Este proyecto fue ejecutado magistralmente por Blackroom, un integrador famoso por su habilidad para crear experiencias audiovisuales envolventes.
El cine comenzó como una mera estructura de hormigón en la Federación Rusa, y su transformación en un cine en casa de calidad incomparable fue tanto un viaje de conexión humana como de precisión tecnológica.
La chispa inicial de este santuario cinematográfico vino de Andrey Zmeyev, el diseñador de interiores. Consciente de la complejidad y el carácter especializado de las salas audiovisuales de gama alta, Zmeyev buscó la ayuda de Blackroom. Se trataba de un territorio desconocido para él, y necesitaba un socio que no sólo pudiera manejar los entresijos técnicos, sino también comprender las aspiraciones emocionales y funcionales del espacio. El cliente, un joven padre de familia con una creciente prole, imaginaba una sala que fuera tanto un lugar para reuniones familiares y actuaciones infantiles como un refugio para los aficionados al cine.
La visión era clara: un espacio versátil que pudiera pasar sin problemas de cine privado a escenario para las aventuras teatrales de los niños. Con unos 46,5 m² y un camerino adyacente para los pequeños artistas, el lienzo estaba listo. A pesar de estar situada en el sótano, la habitación tenía una ventana que el cliente y el diseñador querían conservar. Blackroom, siempre dispuesto a resolver problemas, ideó una solución que preservaba esta característica sin comprometer el rendimiento de la sala, instalando una cortina de oscurecimiento automática motorizada para mantener unas condiciones óptimas de visión.
Desde el momento en que el cliente visitó la sala de exposiciones de Blackroom y vio el potencial de su casa, hubo un entusiasmo compartido. El apretón de manos que selló su colaboración marcó el inicio de un intrincado proceso de diseño. El reto consistía en crear una solución equilibrada y de alto rendimiento dentro de un presupuesto razonable. El cliente, aunque nuevo en el mundo de los cines en casa, tenía claras sus prioridades: practicidad, calidad y valor. La propuesta de Blackroom, centrada en altavoces Procella Audio, un subwoofer de su propia marca y un proyector JVC, consiguió el equilibrio perfecto.
Los retos técnicos se afrontaron con soluciones innovadoras. El proyector, parte integrante de la funcionalidad de la sala, no podía colocarse fuera de su perímetro. En su lugar, se instaló en una caja hermética y ventilada situada en el intradós del techo, lo que garantizó una refrigeración y un rendimiento óptimos. Un cristal antirreflectante de calidad museística protegió la lente del proyector, manteniendo los estándares estéticos y técnicos de la sala. Toda la instalación se calibró profesionalmente siguiendo las normas de la Image Science Foundation (ISF) y la Home Acoustic Alliance (HAA), maximizando las capacidades de la potencia de procesamiento disponible.
Vyacheslav Tikhonov, el constructor, desempeñó un papel crucial a la hora de dar forma al espacio para que cumpliera los exigentes requisitos de un proyecto de estas características. Su artesanía garantizó que la sala técnica adyacente al cine estuviera perfectamente configurada para albergar discretamente todo el equipo necesario. La forma de la sala, adaptada casi por casualidad a una pared deflectora perfecta, permitió a Blackroom ahorrar espacio y mejorar el entorno acústico.
En definitiva, Grey Haven ofrece una sofisticada mezcla de tecnología y arquitectura, que integra a la perfección la vida familiar con el entretenimiento. Es un ejemplo de cómo la dedicación artesanal y el diseño innovador pueden transformar una estructura básica en un espacio multifuncional que satisfaga diversas necesidades de ocio.
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